Estar en este cuerpo es una ironía de dramaturgos.
Y ya la historia se ha proclamado.
La esperanza nunca será igual.
La escasa memoria del recuerdo, es el alimento del olvido.
Entre los flashes de las cámaras se mueve mi cuerpo inquieto.
¿Que haré ahora?
Yo sé que si sigo es porque quiero quedarme.
Antes que mí cuerpo, el títere, se desarme.
Los ruidos de una vida pasada abundan en mi estar.
En mi propia cabeza.
Ruidos que me alteran.
Ese ruido que me pidió ceder ante la agonía de seguir viviendo.
Pues, mi cuerpo es mi propia prisión, dónde soy cautivo en una torre de litio.
¿Que haré después?
Fué una sanción acordada entre la vida y la muerte.
Mi vida siempre fué entre mis escritos.
Entre muchos delirios.
Seguiré en este barco que se hunde a veces.
Porque, mi cerebro terco es mi única expresión, dónde soy cautivo, no existe algún sitio.