La vida es como los grandes imperios.
Un día estás arriba.
El otro estás haciendo lo posible para no perderlo todo.
Yo estaba dos metros más abajo de la tierra que me prometieron con medicamentos que ni yo entendía para que servían.
No he de volver al pasado, ya que me perdería entre los fantasmas del tiempo.
Ni tampoco tengo el valor para presenciar el futuro que pasa con la fuerza de un batallón completo.
La incógnita del problema es que, realmente no existe tal problema, son productos de mi mente acomplejada.
Va y va, un día despertaré sin dolencias, un sueño más que americano, subastado por el precio de una empresa de corazones rotos.
Mercancía barata, mis sueños eran un viaje sin retorno, tal vez hacia una tierra de esperanza, o un fragmento de un rompecabezas, que armándolo bien, me llego a encontrar a mi mismo.
Mis muñecas se retuercen, estaba nervioso por ver la hora pasar, nada cambia.
¿Acaso no es agradable sentirse feliz?
Mi corazón sigue adelante.
¿Acaso no es tu culpa?
Si supiera cuál es el párrafo del libro, no tendría que hacer este inmenso papeleo.
El gran milagro, doctor, ¿No es acaso la vida un trago amargo?
apostamos las fichas, ellos saben que son ganadores.
y al ganar sólo se dan cuenta que es sólo un juego de niños, o tal vez una conversación de adultos.
Pero más arriba del árbol... Está mi bote hacía un momento más tranquilo.
Dónde no gané, pero si viviré.