Me atreví a cruzar más allá del horizonte.
Todo es perfecto hasta que llega el fin.
Creí que estaba en la una escena de terror profunda.
Ver cómo mi jardín se convertía en laberinto.
Y todos los programas de risa ya no lo daban a la hora de la cena.
Mis deseos de superarme eran infinito.
Nadando en un río de lágrimas de pena.
Miraba las flores marchitarse.
Y las abejas acordaron marcharse.
He pecado, porque un trastorno he heredado.
Que cuidado me he dado.
Bajo una mente trastornada.
Con una vida hermosa deseada.